Ayer, como sabéis, fue el día de la Mujer Trabajadora y estuve escribiendo sobre Ada Lovelace, la hija tecnóloga de Lord Byron. La vida de Ada Lovelace es además otra demostración sobre lo difícil que puede ser el ser hija de un escritor famoso.
La vida de Lord Byron es de sobra conocida: poeta romántico, luchador por la libertad de los pueblos y muerto en Grecia mientras combatía por la independencia (no como un héroe de guerra, sino por unas menos bélicas fiebres). Se casó una vez, aunque el matrimonio no duró mucho. Huyó al continente con una hermanastra de Mary Shelley y Fanny Imlay y tuvo una hija con su hermanastra (la suya propia) Augusta Leigh.
Fruto de su único matrimonio, con Anne Isabella Milbanke, tuvo a su hija Augusta Ada Byron, nacida en diciembre de 1815, casi un año después del matrimonio de sus padres y pocos meses antes de que se separasen. “Si Byron tuvo alguna influencia, fue a través del temor de Anne de que su hija heredase el temperamento poético volátil de su padre”, me explica Suw Charman-Anderson, la organizadora del Día de Ada Lovelace y con quién hable para mi artículo. “Para combatir esa ‘locura’, Anne mantuvo a Ada en un régimen de ciencia, lógica y matemáticas”.
Según me explica por mail Charman-Anderson, Byron y su hija no tuvieron relación y fue su madre la responsable de educarla. Ada Byron – Lovelace tras su matrimonio – tuvo una completísima educación científica, tanto que se ha acabado convirtiendo en un personaje clave en la historia de las nuevas tecnologías. A ella se debe el primer lenguaje de programación de la historia.
Se casó con el conde Lovelace, de quien tomó su apellido, y tuvo varios hijos antes de morir muy joven, a los 36 años, de cáncer. Sus descubrimientos quedaron un poco oscurecidos, aunque en el siglo XX se ha recuperado su figura. El Día de Ada Lovelace se celebra cada 7 de octubre (en la noticia que os linkaba al principio están todos los detalles).



genial entrada